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Etapas para la lectura

¿Sabes cuál libro es recomendado para una persona de acuerdo con su edad? ¿Cuál libro le puedo comprar a mi hijo? ¿De verdad es importante un libro para mi hijo? Estas son las preguntas que realiza un padre preocupado por la educación de sus hijos constantemente y que al final nunca logra responder. Para ellos, puedo darles una pequeña insinuación para que puedan responder estas preguntas. La educación es fundamental para las personas, pero no debe tomarse a la ligera. La lectura de un buen libro contribuye al desarrollo intelectual y personal de una persona, porque funda las bases de su personalidad y de su actitud hacia el mundo, hacia las personas y hacia los animales y naturaleza. Por ende, la lectura debe ser un hábito propio y no una situación estresante. 


Leer hace que la persona tome como referencia el universo creado por el escritor para fundar sus propias ideas de acuerdo a una línea temática. En este sentido, si una persona toda la vida ha leído sobre capitalismo, por ejemplo, será un capitalista. Pero si durante toda su vida ha leído, siguiendo el ejemplo, sobre capitalismo, socialismo, filosofía, sociología y demás, tendrá una visión más amplia y sus ideas tendrán más argumentos. De acuerdo con ello, es importante que desde la primera etapa de la vida inculquemos a los niños el hábito de la lectura y el amor hacia los libros. Pero siguiendo sus gustos y su etapa de desarrollo. 

No es lo mismo darle a un niño de seis años un libro de cuentos infantiles que darle el mismo libro a un universitario. Por ende, para cada etapa hay unos libros o temáticas ideales. La primera es fundamental porque se crea el hábito y el gusto, por consiguiente, se recomienda que sean libros de aventuras fantásticas, con ilustraciones. Los párrafos no deben largos y dentro de ellos debe estar una imagen que asocie la palabra. En la siguiente etapa, los adolescentes están explorando por sí solos el mundo y tienen una visión más arriesgada y temeraria, por lo que la lectura para ellos debe relacionar un ambiente temerario y que mezcle astucia y sagacidad. en este punto no interesan las imágenes, aunque no se descarta su uso. finalmente, en la etapa adulta, la lectura debe ser crítica, es así que un libro debe despertar en ellos un sentimiento de duda. Se recomienda un libro complejo en su estructura narrativa, que dé cuenta de una doble posición cultural. 

Sobre estas etapas hay un espacio conceptual muy amplio, pero de manera resumida, estas son las recomendaciones. 

Crear rutinas saludables

El desconsuelo de saber que un hijo tiene autismo se compensa con el amor que ellos pueden llegar a demostrar. Aunque el amor para ellos es algo más tangible que sentimental. Un niño con autismo puede vivir una vida tranquila, saludable y de cierto modo alegre. Pero para llegar a este punto primero los padres deben ser educadores antes que padres. Por ello, es importante que desde niños se creen rutinas que los beneficien.  Una de ellas, y la más importante, es el control de esfínteres o ir al baño. Luego se debe tener claridad en que un niño autista no es un extraterrestre, sino una persona que ve el mundo de otro forma, como si fuera un emprendedor de negocios. 

Las rutinas deben ser beneficiosas y no obligatorias, es decir que el niño comprenda que pueden ocurrir cambios en la situación, pero no modificaciones. Por ejemplo, desde muy pequeño, se debe calcular el promedio de idas que el niño va al baño y la hora en que lo hace, luego se establece esta rutina a la hora determinada, pero con el tiempo se modifica el lugar, para que cuando él tenga ganas de ir al baño pueda hacerlo en cualquier parte y no solo en un baño determinado. Esto con el fin de evitar pataletas cuando se está de visita en otra casa, en otro lugar o de visita en algún sitio turístico. 

Otra rutina fundamental en un niño en condición de autismo es lograr mantenerse estable en un sitio determinado o no perder el control en situaciones que le desagradan. Para esto hay que identificar el tiempo máximo que el niño puede estar sentado en un sitio determinado, por ejemplo el salón de clases o colegio, luego, se establece la rutina de permanecer allí el tiempo máximo y luego ir aumentando gradualmente cada semana o cada mes, dependiendo del comportamiento. En este periodo es importante no ponerle tareas diferentes a las de soportar el lugar de manera calmada. El objetivo de este ejercicio es mantener la calma, y no ningún otro. 

De igual manera es el desarrollo de aceptación de lugares, objetos y personas. Muchos niños autistas no soportan ver a payasos, policías o ciertas personas, que por su labor, pueden causar asperezas en él. En este sentido se utiliza la misma estrategia: determinar el tiempo máximo que él puede soportar y gradualmente subir el tiempo hasta el punto en que logre mantener la calma por un largo periodo. 

De esta forma se va logrando un mejor control de su comportamiento y a la vez él puede ir regulando su actitud.