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Utilizar el aprendizaje basado en problemas para fomentar el pensamiento crítico

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Aprendizaje basado en problemas en el aula

El aprendizaje basado en problemas es un modelo educativo utilizado inicialmente en la universidad de McMaster (Canadá), que busca que el estudiante genere soluciones a problemas de su vida profesional. Fue una propuesta implementada en universitarios, sin embargo, es aplicable en la escuela con jóvenes y niños para fomentar el pensamiento crítico.


El pensamiento crítico


El pensamiento crítico es una de las cualidades de una persona para poner en duda cualquier información que reciba. Existen muchas estrategias para fomentar este tipo de pensamiento, una de ellas es la lectura de obras literarias que ponen en duda las actuaciones de las personas, como por ejemplo, Utopía de Tomas Moro. Así mismo, la estrategia a través del aprendizaje basado en problemas resulta también eficiente en el aula de clase, con jóvenes y niños en etapa escolar.

Aprendizaje basado en problemas en el aula


El modelo propuesto de ABP, se inició en la universidad de McMaster, a mitad del siglo XX, con estudiantes universitarios de medicina que bajo la guía del docente, discutieron y propusieron soluciones a problemas que enfrentan los médicos diariamente en una sala de urgencias. Bajo una dirección, los estudiantes planteaban soluciones con el fin de estar prevenidos a situaciones complejas. Este mismo modelo es aplicable en varias áreas y en este caso, el docente de escuela o de colegio puede implementarlo.
Inicialmente, se propone que el docente analice la situación problemática de índole social, cultural, económica o aquella que involucre a los estudiantes y plantee una pregunta problema. Luego, en mesa redonda, los estudiantes plantean soluciones. Pero el objetivo principal, no es discutir problemas polémicos sin solución, como por ejemplo, el aborto, la religión o la política. Sino situaciones que afrontan los estudiantes, como el matoneo, la alimentación, las drogas o el estudio.

En la universidad McMaster, los estudiantes planteaban soluciones a problemas con pacientes y las nuevas investigaciones en el campo de la medicina. A través de este diálogo se fomentaba la lectura de estas investigaciones y al mismo tiempo el sentido crítico de la situación.

Al llevar el ABP al aula, bajo un problema común, el estudiante debe poseer una base argumentativa que le permita dar una solución y para esto debe leer y debe investigar. Por lo tanto, es el docente que debe plantear problemas que se puedan discutir bajo argumentos sólidos, tomados de libros o de fuentes viables y académicas. No se recurre al ABP, para hablar sobre si las drogas son buenas o malas o si es necesario legalizar la marihuana o no.  Se recurre al ABP para hablar, discutir, leer y escuchar soluciones sobre problemáticas más académicas, como por ejemplo, cómo afecta el cambio climático a las plantas, cuáles son las condiciones necesarias para fomentar el emprendimiento en familias pobres, cuáles son las ventajas y desventajas de la utilización de medios masivos de transporte en la ciudad, etc. Estas son solo algunas ideas, pero el docente puede formular las que sean necesarias de acuerdo con el nivel socioeconómico y cultural del estudiante., para que de esta forma, se den argumentos sólidos.

Detrás de este trabajo, también debe haber una propuesta de lectura amplia. El docente debe presentar y tener a disposición una base de textos sobre el tema planteado, para que el estudiante pueda leerlos y opinar por medio de estas lecturas.

Reforzamiento continuo en la educación para mejorar habilidades

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Reforzamiento continuo en la educación

El reforzamiento continuo en la educación es una estrategia para mejorar ciertas habilidades y competencias en el estudiante o en el niño. 

Es una estrategia aplicable en el hogar como en la escuela y sirve como método para disminuir comportamientos disruptivos y evitar alteraciones emocionales. Todo niño o adolescente mientras va creciendo va desarrollando su personalidad y es susceptible de encontrar ejemplos no muy favorables para la vida en sociedad, como por ejemplo, la compañía de personas agresivas.

Reforzamiento continuo


La teoría del reforzamiento para cambiar conductas fue planteada por Skinner y ha sido un tema de amplio estudio en Psicología. Ha recibido críticas, porque supone que el ser humano es mecánico, como si fuera un animal y que se comporta siguiendo sus instintos primitivos. Esta teoría fue analizada en ratas de laboratorio que realizaban una conducta y recibían comida. Los adiestradores de animales la utilizan en los entrenamientos con animales. En las personas es utilizada de forma discreta. El salario es una forma de reforzamiento que utilizan los empresarios. La mención de honor es un reforzamiento en el colegio. Ejemplos como los anteriores los encontramos en nuestra vida diaria.

El reforzamiento en la escuela y en el hogar


De acuerdo con lo anterior, no se trata de mecanizar un comportamiento, sino de crear hábitos bajo el reforzamiento continuo. El ejemplo más sencillo que utilizan los padres es hacer que su hijo estudie o realice las tareas y luego salga a jugar o a descansar. En la escuela es lo mismo, el estudiante realiza sus trabajos y descansa o juega después.

En el plano educativo, el reforzamiento continuo sirve para crear hábitos y conductas deseables para la buena educación.

En el aula de clase


El docente debe educar al estudiante para que escuche, atienda las indicaciones, desarrolle los trabajos y descanse. Por lo tanto, debe analizar qué puede darle a los estudiantes que les genere bienestar; por ejemplo, descansar en el patio de recreo cinco minutos. El docente cuando el estudiante realice una tarea o escuche atentamente refuerza ese comportamiento con algún premio. Si el docente mantiene reforzando este comportamiento, el estudiante acomodará su pensamiento a la conducta deseada, que es escuchar atentamente o mantenerse callado.

En el hogar


Como se puso en un ejemplo anterior, los padres de familia otorgan el permiso de jugar o de salir al patio si el niño hace sus tareas antes. Así mismo, si el niño es ordenado con sus cosas, los padres pueden ir otorgándole más libertad o dándole regalos mientras siga manteniendo ese orden.
Para ambos caso, escuela y hogar, nunca se les debe indicar a los estudiantes o a los niños que recibirán a futuro un premio por una conducta deseada. Esto se convierte en una negociación y en un chantaje: “haz esto y te doy esto”. El niño y el estudiante deben desconocer inicialmente que recibirán un premio por una buena conducta.

Incentivar el pensamiento crítico a partir de Utopía de Tomás Moro

incentivar el pensamiento critico y la lectura
Pensamiento crítico

Utopía de Tomás Moro es una obra que describe un lugar ideal. Una narración perfecta que pone de manifiesto varios aspectos éticos y morales de la sociedad. 

En la escuela, actualmente, se puede tomar esta obra para fomentar una discusión y de esta forma incentivar el pensamiento crítico y fomentar la lectura en los estudiantes.

Utopía comienza con un diálogo y la narración de Rafael, un personaje ilustre que ha recorrido varias partes del mundo. Se menciona a Américo Vespucio y sus viajes al Nuevo Continente. Sin embargo, no es pretensión mía hablar de la obra sino de uno de sus diálogos, en los que pone de manifiesto una situación ética y moral de la sociedad y el sistema de justicia de una nación. En este punto es cuando el docente puede tomar esta obra para realizar tres actividades en el aula: primero, la lectura de la obra; segundo, la mesa redonda para fomentar la discusión por medio de argumentos y tercero, el pensamiento crítico.

El pensamiento crítico en la escuela y la argumentación objetiva


En situaciones que involucran la ética y la moral, siempre una persona va a justificarse mediante su experiencia de vida, la cual es diferente a la de sus contrapartes. En la antigua Grecia, se creía que la moral era una conducta que se regía de acuerdo a la cultura de una nación y por ende no se podía juzgar a otra nación por sus acciones, mirándola desde una visión externa.
En Utopía hay un diálogo inicial que pone en igualdad de condiciones el castigo de un ladrón que roba por necesidad y el castigo a un estudiante que no aprende. Rafael dice que el Estado no puede juzgar severamente con la muerte a un ladrón sin antes fomentar iniciativas que impidan que él llegue a ese punto. Rafael dice que un profesor no puede castigar a un estudiante porque no aprende, sin antes haberle enseñado correctamente.

Luego, un poco más adelante del primer capítulo, habla de las penas por robar y asesinar. En el diálogo, hay igualdad en la pena, es decir, el ladrón y el asesino reciben la pena capital. Rafael dice que se está dando a entender que un ladrón puede asesinar y robar y recibirá la misma pena y esto lo único  que hace es que se aumenten los asesinatos. Dice luego que la pena debería ser gradual al delito que comete una persona y de esta forma se evitarían delitos atroces.

Su contraparte justifica que el Estado no puede disminuir la pena, o de lo contrario no habría miedo y todos cometería el delito. Si no hay pena capital, entonces se incrementaría el robo porque nadie teme la justicia del Estado. Rafael dice que el Estado no es Dios para quitar la vida, ya que esta es sagrada. Este diálogo continua y resulta ser interesante y atractivo para los jóvenes. Pero lo que nos atañe es dirigir la atención del estudiante hacía el pensamiento crítico, por ende, en una mesa redonda, el docente, después de comprobar que el estudiante haya leído este primer capítulo, formula unas preguntas:

  • ¿La pena capital es una buena sentencia para disminuir los delitos en un Estado?
  • ¿Por qué justifica Rafael su pensamiento sobre la justicia?
  • ¿Es culpa del docente que un estudiante no aprenda o es culpa del estudiante por no aprender?
  • ¿Es culpa del ladrón cometer su delito o es culpa del Estado el que haya ladrones?


Aparte de estas preguntas, el docente puede formular otras más que den cuenta de la lectura del estudiante y de su crítica hacia este delito y sus causas.

El diario en el aula de clase para fomentar la escritura


Fomentar la escritura por medio del diario en el aula de clase
Fomentar la Escritura

El diario en el aula de clase es una estrategia para fomentar la escritura y al mismo tiempo incentivar la lectura en los estudiantes. Para llevar a cabo esta estrategia es necesario tener en cuenta que la escritura debe ser tomada como un proceso planificado y pensado, y no una tarea inmediata.


Si bien es cierto que los estudiantes hoy en día sienten apatía al escribir textos informativos, argumentativos o narrativos, también es cierto que ellos desde su intimidad escriben para ellos mismos o para su grupo de amigos. El diario es aquella forma íntima para incentivar la escritura creativa de los estudiantes. Se busca con esta actividad que el estudiante escriba, pero en ningún momento se busca calificar su ortografía o su nivel de redacción; esto viene después. El objetivo principal es que él escriba un párrafo o una hoja por día.

Componentes del diario


El diario debe contener, desde la parte formal de la escritura, un título y un resumen. El título busca motivar el sentido de pertenencia, por lo cual debe ser original e inédito. El resumen debe contener los propósitos del estudiante, es decir, se busca que su proceso de escritura esté centrado en un tema importante de su vida, y no solamente rellenarlo con frases y párrafos carentes de coherencia. La estructura debe ser continua. El estudiante escribe hoy sobre sus sentimientos o tristezas, y en la última hoja debe expresar el análisis de estas emociones o escribir sobre su éxito en ciertas etapas de su vida.

La coherencia en el diario


La coherencia es indispensable en esta actividad y esta se refiere a un hilo conductor que se lleva en todo texto. Es decir, no se puede empezar escribiendo sobre política y terminar hablando sobre religión, sin tener en cuenta la unidad textual. Lo mismo sucede con el diario en el aula de clase. Es posible, claro está, que el diario sea utilizado solo para escribir sobre diferentes temas o frases. Sin embargo, en este caso, se busca la motivación futura para que el estudiante logre escribir un ensayo, un cuento o una novela corta. Un diario con diferentes temas no enseña la coherencia o la unidad textual.
Un ejemplo claro de esta situación es la obra Diario de Ana Frank, en el cual desde la experiencia íntima, Ana Frank cuenta su vida y su trágica experiencia en el conflicto de la Segunda Guerra Mundial. La coherencia es evidente y esto es lo que el docente debe tener en cuenta. Se presume que Ana Frank escribió otros libros u otros diarios, sin comprobarse. Sin embargo, si esto fuera así, el diario fue el punto de inicio a su proceso de escritura y es lo mismo que buscamos como docentes.

El trabajo anterior ya ha permitido llevar a cabo dos procesos intelectuales en el estudiante: la lectura y la escritura. El estudiante lee y escribe. Toma una referencia y guía su escritura en lo que ha leído. Por ello, es importante que el docente incentive a los estudiantes en la lectura de diferentes obras (Leer también: Escritores para fomentar la lectura en el aula)

Finalmente, se prosigue a la etapa final de la escritura como proceso mediante el uso del diario que es la revisión y relectura de lo escrito. Pero esto lo debe hacer primero el mismo estudiante, el cual lee lo escrito y corrije sus  errores. 

La escritura como proceso en el aula para fomentar la escritura creativa

fomentar la escritura creativa en el aula
La escritura como proceso

La escritura como proceso en el aula es una estrategia para fomentar e incentivar la escritura creativa y formal de los estudiantes. Hoy hablaremos de cómo fomentar la escritura creativa.


Hace unos pocos años atrás, presenté una investigación en la Cátedra Unesco sobre la Escritura como proceso en estudiantes de primaria. La investigación tuvo como objetivo incentivar la escritura creativa, mediante un proceso y no como una actividad. Por lo tanto, si estás leyendo esta entrada de blog debes tener en cuenta que esta estrategia no debe ser mostrada como una tarea obligatoria, sino una forma para que el estudiante interiorice una serie de pasos para escribir. De forma resumida, explicaré cómo llevar a cabo este proceso en el aula.

Fomentar la escritura creativa


Escribir es una tarea tediosa para algunos estudiantes; pero no por el simple hecho de escribir, sino porque deben hacerlo mediante unas reglas ortográficas. El estudiante no es que no escriba, sino que no le gusta hacerlo mediante unas normas y unas obligaciones. Sus cuadernos en muchos casos están llenos de relatos sobre sus vidas y las de otros, frases, chismes y todo un sinfín de historias que ellos expresan de forma oculta. Solo que su temor a la burla impide que los muestren. En la escritura como proceso se busca que el estudiante deje el temor y exprese su vida en un diario (Leer también: Escritores para fomentar la lectura).

La escritura como proceso


La estrategia del diario en el aula ha sido exitosa en muchas escuelas. Se le pide al estudiante que de forma individual y personal lleve un diario en el que cuente sus actividades. Pero no lo debe hacer a la deriva, escribiendo sobre todo, sino lo contrario, el estudiante debe tener claro cuál es el objetivo de contar su vida. Pero esto es solo la forma general de la actividad. Ahora vamos a pasar a los pasos.
Inicialmente, el estudiante mediante la guía del docente debe bautizar su diario o darle un título, el cual debe estar acorde con lo que va a escribir. No se trata solamente de ponerle “mi diario”; sino de ser creativos. Luego, se debe poner en la primera página un resumen corto de lo que se tiene pensado escribir allí. Ejemplo: “este diario presenta las acciones cotidianas de mi vida en cuanto al amor, a mi familia, a mis amigos”, etc.
En esta primera etapa, ya hemos desarrollado un título y un objetivo expuesto en un resumen. Ahora, toda escritura tiene un proceso investigativo; no importa si es cuento o ensayo; todo lo que se escribe debe tener un sustento argumentativo. El estudiante ahora debe pensar y el docente debe motivarlo a pensar en lo que va a escribir. En este sentido, mediante una exposición de cuentos o historias de personajes famosos, el docente da ejemplos sobre cómo se debe llevar un diario y deja como recurso adicional la lectura de otros personajes para que el estudiante lea y tenga una idea clara de cómo escribir.

Finalmente, el docente verifica, mas no califica con una nota que el estudiante haya escrito. La actividad no busca que el estudiante maneje las normas ortográficas, sino que se motive a escribir. Luego, hablaremos de cómo enseñar la ortografía, pero nos interesa que antes de llegar a ese tema, el estudiante tenga motivos y no se convierta esto en una actividad tediosa.

La escritura debe ser tomada siempre como un proceso, que va desde la creación de un título, de un tema, de un objetivo y de una investigación y termina finalmente con la revisión, pero esta debe hacerse desde lo personal, es decir, el estudiante debe releer lo que ha escrito y modificar los errores. La relectura es la fase más importante, debido a que se verifica y se corrije. El estudiante comprueba en esta fase su nivel de escritura y comprensión del idioma mediante el uso de la sintaxis. 

Actividades para fomentar la lectura

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Fomentar La Lectura

Inicialmente, pensé en escribir un artículo sobre las actividades para fomentar la lectura en los niños y luego otro para los jóvenes y luego otro para los adultos, pero caí en cuenta que las actividades, de cierta forma, son similares para cada uno. La lectura y su interés no varía de una persona a otra, lo que cambia son los gustos. Como hemos hablado en entradas anteriores (Etapas para la lectura), para cada edad hay un tipo de lectura específica. Hoy lo que queremos es planificar una serie de actividades para fomentar la lectura de obras de forma grupal y de forma individual. Cada actividad puede realizarse de forma separada o de forma conjunta, según el tiempo y los recursos con los que cuenta el docente.

La lectura en voz alta


Hay libros y libros que hablan sobre los beneficios de la lectura en voz alta. Y no es para menos, pues fomenta la escucha, potencia la capacidad de atención y genera mayor interés sobre lo que se lee. La lectura en voz alta es una actividad obligatoria en el aula y en la casa. pero esta debe desarrollarse siguiendo una línea de acción específica.

  • Primero: el docente debe mantener el orden y la disciplina para la actividad. Los estudiantes deben permanecer en silencio y atentos a la voz del docente, que es el único que debe hablar durante la actividad (Leer: cómo controlar un salón de 40 estudiantes)


  • Segundo: empezar la actividad haciendo preguntas referentes al libro que se va a leer. Deben ser preguntas de respuesta abierta, pero sobre las acciones de los personajes. Ejemplo: ¿Qué hará posiblemente el personaje x? ¿cuál será la relación del título con la historia? Etc.


  • Tercero: hablar desde su propia perspectiva de la obra, señalando aspectos positivos y de gran valor. Si queremos fomentar la lectura, debemos tener pasión por lo que estamos presentando. Ejemplo: este libro me ha parecido interesante por estas razones.


  • Cuarto: empezar la lectura, haciendo pausas, de forma lenta, con buena vocalización, mirando de vez en cuando a los estudiantes, y haciendo gestos.


  • Quinto: en medio de la lectura, el docente debe hacer pausas, para preguntar sobre lo leído; deben ser preguntas concretas. Ejemplo: ¿Qué hizo el personaje cuando encontró tal cosa? Estas preguntas deben acompañarse de preguntas abiertas sobre lo que va a suceder.


Finalmente, es necesario que el docente nunca termine el libro o la historia cuando la está leyendo en voz alta. Esta actividad finaliza antes del último capítulo o antes de la última hoja. El docente debe recomendar terminar la historia en la casa o biblioteca y de forma individual.

La lectura a partir de los gustos: cómo presentar una obra

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Incentivar La Lectura en los niños

Por nada del mundo se debe obligar a un estudiante a leer un libro que no es de su interés. Pero también es cierto que la lectura no es del interés de la gran mayoría de personas y por ende cualquier libro desconocido no generará atracción al estudiante. Y también es cierto que en el aula no habrá un gran compendio de libros para escoger y el docente debe recurrir a lo que tenga a su mano para fomentar la lectura. Una persona de poco entendimiento en literatura tendrá más afinidad por libros con títulos llamativos que por clásicos. Por esta razón, el docente debe mostrar, como si se tratara de un negocio, los libros que tiene a la mano para que el estudiante escoja su preferido.

El docente debe presentar cada libro como si fuera una maravilla. Debe conocerlos, conocer el autor y conocer si su escritura es adecuada para la edad del estudiante. Recordemos que los libros de historias de fantasía son para niños menores de 15 años. Los libros de historias románticas, con toques históricos, son para jóvenes y los libros con historias complejas, con un lenguaje semiótico fuerte, para adultos.

Tiempos y espacios de lectura


Entendamos algo que se sabe, pero que ningún crítico o experto en educación dice: la lectura no es una actividad favorita para la mayoría de estudiantes. Sin embargo, que no sea favorita, no quiere decir que no resulta ser atractiva. La literatura es entretenimiento y debe ser vista como eso; una forma de entretener. Por lo tanto, para fomentar la lectura en el aula debemos:

  • Primero: acondicionar el aula de clase como un espacio adecuado para la lectura. Esto quiere decir que el estudiante debe sentirse cómodo para tomar un libro y leerlo por un tiempo prolongado. Así mismo, es recomendable poner en las paredes afiches con frases célebres de los libros que se van a leer. Esto es fundamental; muchos leen un libro por alguna frase que leyeron y que les agradó demasiado.


  • Segundo: establecer tiempos de lectura. Inicialmente, el docente debe poner un reloj e indicar el tiempo que se va a dedicar a la lectura. La primera vez tiene que ser corto, y luego ir aumentando. Pero no de forma brusca. La primera clase de 10 minutos, luego en la quinta clase, 20 minutos y así hasta que se cumpla la hora completa. Pero si son 10 minutos, el estudiante debe mantener su concentración en el libro por diez minutos. Nunca avanzar si no se logró mantener la concentración por los 10 minutos iniciales.


El pensamiento crítico en la escuela

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Pensamiento Crítico

Sería caer en un error grave pensar que el estudiante no tiene un pensamiento crítico y que como docentes debemos potenciarlo o fomentarlo. Toda persona tiene la facultad para evaluar y analizar una situación y dar su razón para estar de acuerdo o no. El objetivo del pensamiento crítico en la escuela es direccionarlo hacia ámbitos favorables y éticos para el estudiante.

Una situación recurrente en la escuela es cuando el estudiante pone sus argumentos ante el profesor para sustentar una falta, una falla o un merecido premio. Él analiza su situación cercana, evalúa su posición y expone sus argumentos. El pensamiento crítico es la capacidad para analizar y evaluar información, una situación o unos razonamientos sobre temas diversos que afectan a la persona y dar un juicio.

El pensamiento crítico va de la mano del conocimiento de la argumentación y de la información sobre el tema, el cual puede ser desde ámbitos científicos hasta cosas comunes y sociales. Ninguna persona desea ser castigada por su mal comportamiento y busca cualquier argumento para justificarse; por lo tanto, lo social y lo científico se apoyan en el pensamiento crítico. Pero este va mucho más allá de simples actuaciones sociales.
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Enseñar el Pensamiento Crítico


El pensamiento crítico en la escuela debe direccionarse hacia ámbitos éticos y morales. Es decir, el estudiante que crítica una situación o un razonamiento debe hacerlo desde una posición que resulte ser favorable para la sociedad como tal. Si esto no se realiza, el estudiante simplemente puede tener un pensamiento crítico que favorezca las conductas delictivas de los ciudadanos.


Por esta razón, toda actividad que realice el docente sobre potenciar el pensamiento crítico debe tener de cierta forma un sesgo ético. Las razones son evidentes, al estudiante se le direcciona para que su comportamiento sea favorable para la sana convivencia en comunidad y no para que sea simplemente un ladrón o un asesino o una persona que comete infracciones al Código de Policía.

Las actividades recomendadas para potencializar el pensamiento crítico hacia la ética tiene que ver con la exposición sobre comportamientos disruptivos de ciudadanos. El estudiante debe analizar desde su mirada subjetiva y con el conocimiento del Código de Policía y de las leyes ese comportamiento y luego exponer su opinión. Esto es una actividad inicial, sin embargo, el pensamiento crítico también abarca aspectos científicos de gran envergadura.

Los artículos científicos que son publicados a diario en diferentes revistas virtuales de ciencia ayudan a que el estudiante tenga un conocimiento amplio y esto le ayuda a tener un pensamiento propio y una identidad. A partir de estas lecturas, él desarrolla su capacidad para poner en duda todo aquello que escucha o lee de fuentes no confiables y además le ayuda a comprender que todos tienen diferentes formas de ver la vida. El saber es un componente esencial en el pensamiento crítico.

La lectura continua de diferentes textos permite que el estudiante dude de la información que lee y de la información externa que recibe a diario, con lo cual le ayudará a tomar mejores decisiones en su vida y a mantener una postura crítica frente a acciones que lo perjudican o perjudican a sus seres queridos.

Cómo enseñar lectura crítica: 3 consejos

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Lectura crítica

La lectura crítica sirve para poner a prueba la capacidad de un estudiante para comprender una obra o un texto. Actualmente, es un componente importante en los procesos de evaluación en la escuela, debido a que se utiliza como forma para comprobar que el estudiante ha entendido muy bien un tema, sin importar si es de humanidades o de ciencias exactas.  El Gobierno colombiano, desde hace más de una década, ha modificado el proceso de evaluación nacional para implementar la lectura crítica, cambiando el tradicional método de memorización de conceptos. Además, no solo ayuda a en los procesos evaluativos en la escuela, sino también a fortalecer el pensamiento crítico de la persona. La lectura crítica tiene muchos beneficios. Hoy vamos a mirar cómo enseñarla e implementarla.

La lectura crítica desde la pregunta


Un buen lector, cuando compra un libro, tiene en su mente una pregunta clave ¿Qué relación tiene el título con lo escrito? A partir de ahí se empiezan a sacar las inferencias y a comprobar si hay relación entre lo que se propone inicialmente en una obra y lo que se escribe. Si no es así, este lector ya comprobará que hay errores y falacias. Las inferencias ayudan a comprobar los argumentos de un texto. Y esto se desarrolla por medio de la pregunta. En un aula de clase, antes de iniciar con la lectura de una obra, una novela, un cuento, un artículo de opinión es necesario que el docente empiece con preguntas: ¿De qué se trata posiblemente el texto? ¿Cuál es la relación del título con el autor? ¿Qué tiene que ver tal palabra con la obra? Etc. Así mismo, después de cada capítulo se evalúa el proceso de comprensión lectora, por medio de preguntas sobre lo leído. Sin embargo, hay dos formas de evaluar. La primera es por medio de preguntas con respuesta única, ejemplo ¿de qué color era la camisa del personaje? Esta forma busca mejorar la memoria, dejando de lado el pensamiento crítico. La segunda forma es más conveniente, debido a que la pregunta se desarrolla a partir de la opinión del lector y de su comprensión lectora. Un ejemplo es el siguiente: ¿Tiene que ver el color de la camisa del personaje con sus acciones a favor del cuidado del planeta? Suponiendo que el personaje tenga una camisa verde y realice acciones de reciclaje.

Pero la pregunta no se desarrolla a la deriva o por simple casualidad. Es indispensable que el docente las relacione con un objetivo, el de fomentar una posición a favor o en contra. Pero no se debe mirar esta posición desde los extremos; estar a favor o en contra no es afirmar si es bueno o malo lo que el autor escribe; si no que el estudiante comprenda a reconocer los argumentos expuestos en el texto.

La inferencia y la toma de posición


Todo texto está escrito bajo la experiencia del autor sobre un tema que él conoce en profundidad. Los lectores pueden reconocerse en ese texto, porque han tenido una experiencia similar. La literatura de ficción presenta historias atrayentes para un tipo de público específico, que no ha vivido esa historia, pero siente atracción por la forma en que se narra. La toma de posición es sentirse apegado a las ideas del autor o despegarse de él. Un artículo de opinión se trabaja desde la perspectiva de que el lector está a favor o en contra de la opinión del autor, porque sabe reconocer los argumentos expuestos sobre un tema polémico. En este punto es necesario que el estudiante sienta agrado con lo que lee y pueda expresar libremente, sin imposición, su agrado. Es necesario que se incite a lecturas suaves, de poca complejidad, pero de gran atracción, para iniciar al estudiante a sentir empatía con un autor o con un tipo de literatura específica. Luego, sí es necesario darle lecturas más complejas, según la edad.


Reconocer los argumentos


Para enseñar la lectura crítica no hay mejor fuente que los periódicos nacionales, en donde columnistas escriben sobre un tema político. El docente puede inicialmente trabajar sobre un tema de interés general para que el estudiante exponga su posición sobre el tema. Pero debe hacerlo mediante un argumento válido, y no simplemente desde su parecer.

El estudiante debe señalar, subrayar y diferenciar entre la opinión del autor y los argumentos que expone. En un artículo de opinión es fácil. Los argumentos son premisas que se toman de una fuente confiable que refuta, contradice o afirma algo sobre un tema. Este tipo de trabajo se desarrolla como un taller, en el que primero se pone ante el estudiante un tema y luego, mediante una mesa redonda, se argumenta a favor o en contra. Luego el estudiante bajo la guía del docente debe leer artículos sobre las distintas posiciones. Estos textos deben ser escritos por expertos en el tema. Luego de la lectura, se sigue la mesa redonda, pero se añaden preguntas, como las mencionadas en el primer apartado de esta entrada. Es recomendable que el estudiante exponga su opinión citando a expertos y evitar que lo haga simplemente desde su perspectiva.

Leer los clásicos de la literatura o las obras recientes


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Leer los clásicos de la literatura
Es muy frecuente en mi vida – y supongo que en la mayoría de profesores de literatura- que las personas y los estudiantes me pregunten sobre sí he leído algunos libros recientes. Situación que me genera incomodidad, porque sería una gran mentira afirmar que los he leído. Así deseara leerlos, no tendría tiempo en esta vida ni en cien más para alcanzar a leer la cantidad de libros que se producen actualmente. Unos muy buenos y otros no tanto. Ante este hecho se me ha ocurrido explicar sobre la conveniencia de enseñar literatura clásica en la escuela, pero sin desmeritar los autores noveles.

Enseñar literatura clásica en la escuela o en el colegio


Vamos a entender algo que ya he mencionado anteriormente; la literatura clásica representa un periodo y una cultura, por lo cual genera interés histórico; ha habido libros de buena calidad literaria, leídos en su momento, pero que fueron olvidados. En muchas ocasiones, el olvido se debe en gran parte a que todos los manuscritos desaparecieron o porque un gobierno adverso al autor proclamó otro tipo de literatura más acorde a sus ideales. Habrían muchos factores más para que estos libros no se hayan seguido leyendo, sin embargo, hay que entender, que lo que ahora conocemos como clásicos es porque son obras de alto valor literario, con una estructura de calidad, que representa la cultura de un periodo. Por tal motivo, cuando se enseñe literatura en un colegio no se puede dejar de lado la historicidad del libro, de la trama y del autor.
Los clásicos son una forma de enseñar a leer al estudiante; pero no de aquella en la que solo se reconocen símbolos, sino de entender semánticamente un periodo histórico, de reconocer además que un libro es una fuente de mensajes que el autor ha puesto para que el lector los descubra. En ese punto, hay que definir muy bien qué tipo de literatura clásica es conveniente trabajarla con los estudiantes según su edad.

El docente debe reconocer que un clásico de literatura no sería muy conveniente en determinadas edades. Los niños menores de 10 años esperan encontrar una lectura con una estructura sencilla, sin demasiadas metáforas, con un argumento fácil de descifrar. Los jóvenes de más edad prefieren una historia atrayente, que puedan asociar a su vida diaria, por lo tanto, las emociones, el amor y el suspenso son fundamentales para ellos.

Aunque si bien es cierto que un joven leería un libro no porque sea un clásico, sino porque le agrada, la tarea del docente es hacer que él entienda las diferencias entre distintos periodos, con sus diferencias sociales y culturales; que él realice una especie de comparación histórica de su vida con la de tiempos pasados. Los clásicos permiten que el joven entienda las diferencias culturales y además establezca comparaciones con los libros recientes. Es decir, por medio de la literatura clásica se le abre pasó a su sentido crítico y de esta forma pueda identificar en los libros recientes la calidad literaria.

Las 3 novelas colombianas del siglo XIX más leídas

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Las 3 novelas colombianas del siglo XIX 

En muchas ocasiones me piden mi opinión sobre las mejores novelas colombianas del siglo XIX y del siglo XX; pero trato de evadir la respuesta diciendo que mi criterio es solo uno en medio de millones de lectores. Es muy difícil tratar de definir una novela por su calidad, dejando de lado el gusto del lector. Sin embargo, en esta entrada hablaré de las 3 novelas colombianas más leídas del XIX, con lo cual se define la calidad por medio de los gustos de miles de lectores. Estas obras aún hoy gozan de prestigio y popularidad y son fáciles de conseguir, diferente de otras grandes obras que se leyeron en gran proporción, pero hoy no se consiguen en ninguna librería.

María


La popular obra del siglo XIX es María de Jorge Isaacs. Esta fue una obra que inicialmente tuvo un gran éxito luego de publicada, se empezó a leer en todo el territorio nacional y después se empezó a distribuir en los países suramericanos. Dos siglos después, se sigue leyendo con la misma pasión con la que se leía desde su primera edición. Se podría decir que su éxito se debe a su atrayente historia de amor entre dos primos y la sutileza con la que el autor describe el enamoramiento de la pareja. Muchos jóvenes se identifican con los sentimientos de los personajes debido a la pueril forma de conquista que se describe. Pero más allá, María es una obra de carácter nacional, que representa unos valores y una cultura del siglo XIX colombiano.

Aura o las Violetas


Esta es otra gran obra colombiana, que aun se lee en las escuelas. Pero es importante aclarar que su popularidad es inferior a María. Resalto de esta obra que en pleno siglo XIX, hay profesores que por iniciativa propia todavía ponen como lectura de clase a esta novela sobre otras del siglo XIX. La historia es atrayente y su forma narrativa resulta ser perfecta para los jóvenes. Se trata de un joven que narra su enamoramiento de Aura y su sufrimiento por ver como se casa con un anciano y luego su muerte. Su casamiento tiene una explicación propia de la cultura y los valores del siglo XIX.

Manuela


Manuela de Eugenio Díaz es para colombianos un monumento histórico de enorme valor. Es una obra, así como Cien años de soledad o María, que representa al país ante el mundo. Se publicó en un periódico literario del siglo XIX por entregas o por capítulos. Con el paso del tiempo, fue adquiriendo mucha notoriedad y popularidad. Hoy se trabaja en las aulas colombianas y es una lectura agradable para los jóvenes. Solo que se debe tener en cuenta que es obra enmarcada dentro del costumbrismo colombiano y esto requiere mantener una buena atención en las descripciones. Su lectura es suave y su historia es apasionante.  El argumento base es de un joven citadino que viaja por el Río Magdalena hacia una población campesina, donde hay una gran variedad de cultivos. Allí conoce a Manuela, la cual es una linda jovencita agraciada. A partir de ella se desarrolla toda la historia.

Cómo saber si una novela es buena

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Cómo saber si una novela es buena

Ante la pregunta hecha por mis estudiantes de ¿Cómo saber si una novela es buena? Debo recurrir a que la respuesta no necesariamente está en los gustos de cada persona; debido a que cada obra está escrita o dirigida a un determinado público. Harry Potter es una novela exitosa por el gusto de los jóvenes, pero es mala para algunos docentes universitarios. En esta entrada explicaré qué necesita una obra literaria, sea novela, poesía, cuento o drama, para que se catalogada como buena; pero hay que tener en cuenta que a mientras a un grupo de lectores les gusta Edgar Allan Poe, a otros no y esto sucede con toda obra artística.

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Literatura de calidad


La calidad es un componente esencial de todo aquello que merece la atención. En la literatura, obras universales que han traspasado el tiempo siguen manteniéndose vigentes por el interés recurrente de los lectores a través de diferentes generaciones. La literatura de calidad está hecha a partir de la intelectualidad del escritor y no es una mera casualidad del destino que ha puesto a una persona que sin experiencia y sin conocimiento a publicar textos.

La calidad de una obra se determina a partir de los siguientes componentes:

  •       Uso adecuado del lenguaje

Si estamos hablando de un escrito en el cual se está contando una historia, lo menos que puede hacer un escritor es saber entender muy bien la estructura básica del español o del idioma en el que se escribe. El lector, desde la primera palabra que lee, sabrá si se hace un buen uso del lenguaje escrito y esto es perceptible fácilmente, por la sonoridad al momento de leer. El autor que no tenga conocimiento en gramática no podría pensar en escribir. Ese cuento que muchos autores cometían errores ortográficos y escribieron grandes obras es una falacia que desmerita la intelectualidad de dichos escritores. Una cosa es cometer un error al escribir una palabra y otra es no conocer cómo se escribe una oración.

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  •      Uso adecuado de las metáforas y la semántica

La semántica es fundamental en una obra literaria. Esta se refiere al uso del lenguaje figurado, el cual da a entender un mensaje mediante el uso poético, en ciertos casos, de las palabras. Una obra literaria que carezca de este componente no tendría la calidad necesaria para entretener al lector. La semántica es el sabor y el autor puede utilizarla en la medida que considere necesaria para hacerse diferenciar. Solo hay que entender que el arte de la semántica no se puede minimizar a frases simples, carentes de sentido.

  •        Uso inadecuado de las figuras literarias

En el anterior párrafo se dijo sobre la conveniencia de utilizar las metáforas en una obra literaria; sin embargo, ahora queremos resaltar que no es tan adecuado usar las figuras literarias de forma exagerada. En ciertas ocasiones, los autores noveles buscan que su obra cause un gran impacto y recurren al uso exagerado de las figuras literarias; en especial, la hipérbole, la personificación y la anáfora de manera repetitiva, haciendo que dentro de estas figuras se pierda el mensaje de la obra.
La hipérbole es muy recurrente en la poesía, y es un recurso  útil para explicar ciertas situaciones comunes que realizan los personajes según sus características regionales; Gabriel García Márquez hacía uso de este recurso en sus novelas. Sin embargo, se vuelve fastidioso cuando es muy recurrente. La anáfora es igualmente un recurso apropiado en la poesía, y se utiliza en los textos narrativos con una estructura particular. Se trata de repetir las palabras para crear sonoridad y de cierta forma ayuda a que una obra literaria sea agradable cuando se lee en voz alta; pero si no se sabe utilizar, es mejor no repetir las palabras y los sonidos.

  •        Una historia bien estructurada

En mi experiencia como lector de obras clásicas y recientes puedo decir que no interesa si la historia es de fantasía, fantasmas o de algún hecho histórico o simplemente es la historia de una persona sentada en un parque que ve palomas; lo que interesa realmente es cómo se cuenta esa historia y cómo desde el inicio se atrae el interés para llegar al final. Pero si desde las primeras páginas no se quiere llegar hasta la última, la obra no es de calidad. El objetivo de toda novela es que el lector pueda concluir satisfecho todo el libro. En ciertos casos, se llega hasta el final, pero resulta que la conclusión no es del agrado del lector; pero esto no quiere decir que la obra sea mala, sino que no se ajustó a los gustos de ese lector.  

Literatura para bachillerato


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Literatura para bachillerato
Las generaciones cambian y los gustos también, como docente y asesor de literatura en colegios y universidades me han hecho mil veces la misma pregunta ¿Cuál es la literatura para bachillerato? O ¿cuáles son los mejores libros para los jóvenes de bachillerato? En este sentido y para dar una posible explicación y respuesta a estas preguntas, quiero hablar sobre gustos e interés en los jóvenes y cómo se puede combinar la literatura contemporánea con la literatura clásica en los colegios.

Literatura para bachillerato

Beneficio económico


Primero hay que tener en cuenta lo siguiente sobre la edición y publicación de libros y novelas. Ahora y siempre los libros han estado bajo el interés de las editoriales y de los dueños de las imprentas que buscan, por obvias razones, un beneficio económico. Aunque Miguel de Cervantes Saavedra murió sin recibir un beneficio económico por la publicación de su gran obra, no se puede pensar en que la imprenta Juan de la Cuesta, en Madrid, en 1605, no buscaba beneficiarse de alguna forma de la publicación del Quijote. Y así podemos suponer también con Cien Años de Soledad o cualquier otra obra universal. Han sido publicadas con interés económico y no como una mera intensión filantrópica de ayudar al autor. Sin embargo, es cierto también que actualmente, este interés económico de las editoriales ha hecho que haya una exagerada proliferación de obras sin un desarrollo literario de valor. Lo anterior nos ayuda a saber diferenciar la literatura que es acorde para un buen lector y la que no lo es.

Interés juvenil en la literatura


Los tiempos cambian y los interés y gustos también. Hace dos siglos, en lo que era Rusia en ese momento se leía con agrado entre los jóvenes a Fiódor Dostoyevski, ahora solo es leído por profesores y profesionales interesados en la historia literaria. Así sucede con las novelas románticas del siglo XIX o la literatura renacentista. Pero, una de las posibles razones por las que estas grandes obras van quedando en los anaqueles de los profesores es que las mismas editoriales van modificando mentalidades para buscar beneficios financieros, haciendo exitosa una obra que no necesariamente es adecuada para los lectores juveniles. Es decir, imponen, mediante una exagerada publicidad, una obra para que haya más compradores. Esto ha sucedido y seguirá sucediendo. Hace tan solo unos años atrás, hubo una proliferación de novelas sobre vampiros, luego se pasó a novelas fantásticas de reinos y reyes con poderes y estamos en Colombia con las obras del narcotráfico; eso sin contar la literatura de superación personal. A partir de estos gustos, se refuerza esta mentalidad para darle cabida a novelas de este mismo estilo. El autor, en estos casos, se acomoda por interés a estos gustos y se vuelve no un artista, sino en un promotor.
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Lo anterior, querido docente, es necesario no olvidarlo, para no caer en las trampas de las editoriales y saber escoger muy bien el tipo de literatura conveniente para los jóvenes. Pero, no todo es malo. Y ahora vamos a entender por qué.

Literatura clásica o literatura contemporánea


Ahora, hay algo muy cierto, el gusto de un joven de 15 años no es el mismo de una persona de 30 años, en cuanto a lo literario. Alguien de 30 años leerá con más agrado a Gabriel García Márquez que a Robert Louis Stevenson. Un joven necesita emociones más fuertes debido a que desea experimentar algo nuevo, mientras que alguien mayor busca algo más sereno. Los jóvenes tienden a preferir literatura en donde haya misterio, aventuras, fantasía y exageración de la realidad; mientras que alguien mayor, critica esa exageración y busca algo más real y cercano a su realidad.

En este sentido, la literatura de Edgar Allan Poe, Anton Chejov, Robert Luis Anderson es adecuada para ellos. Son autores que manejan estos parámetros en sus escritos, debido a que sus historias suponen un quebranto de la representación de la realidad tal cual como la conocemos para mostrarnos un universo literario donde la fantasía y lo irreal se combina con las historias y vivencias de personajes que representan la realidad.

Sin embargo, esto no es una camisa de fuerza. No es necesario ahora que el mismo docente vaya y busque en las librerías las obras de estos autores. Sino, todo lo contrario, que a partir los parámetros de estos autores, según lo que hemos mencionado, se indague por otros más. Y es acá donde la literatura contemporánea es necesaria. El estudiante no va a leer una obra literaria porque el autor sea Gabriel García Márquez o Vargas Llosa, solo porque sean ganadores de premios Novel, sino porque su historia les agrada y les generan sensaciones. Pueden leer incluso una novela de ficción de un autor recién publicado, sin fama, no porque sea nuevo, sino porque esa historia cumple con los parámetros mencionados de fantasía, irrealidad o exageración de la realidad. Por lo tanto, a partir de la literatura clásica se promueve la literatura actual.

Los libros más leídos del siglo XIX en Colombia


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Libros clásicos
Para hablar de este tema de los libros más leídos del siglo XIX en Colombia es necesario primero hablar sobre las formas de distribución edición y publicación de las novelas y libros y ediciones en papel en este periodo. Los libros ya se editaban y se distribuían casi de forma similar a cómo lo conocemos ahora, sin embargo, muchas novelas se distribuyeron en periódicos literarios, los cuales tuvieron tanta relevancia como lo son ahora los periódicos de noticias.

Colombia en el siglo XIX

En cuanto a la literatura, el siglo XIX en Colombia se divide en dos periodos, según la edición y publicación de obras literarias. En el primer periodo va hasta un poco menos de la mitad del siglo; puesto que hasta 1840 empieza una mayor publicación de novelas por entregas. La nación comenzó el siglo con bastante agitación política y en 1820 comenzó su proceso de emancipación mediante el enfrentamiento bélico contra el Imperio Español. Durante este primer periodo, la literatura jugó un gran papel en la adhesión de simpatizantes a la causa criolla y gran parte de la imagen de Bolívar y los demás próceres se debe a los poetas, que mitificaron los hechos y las batallas.


Primer periodo de la literatura del siglo XIX

La poesía y la lírica tuvieron una enorme participación en la publicación de libros. Sin embargo, no hay que dejar de lado la crónica y el periodismo, que empezaba a fomentar sus raíces en el país. La crónica y el periodismo estaba impulsado más por la tradición española de relatar y describir las acciones de los españoles en el Nuevo Mundo que por parte de los criollos; esta tradición se mantuvo como forma de dar a conocer las bondades de esta nueva tierra y sería también una forma de comunicación entre familias, pueblos y personas de distintas regiones. Pero la lírica tuvo la mayor repercusión en el ámbito literario, puesto que fomentó el amor patrio. Poetas como Olmedo desarrollaron una lírica a partir de la imagen de Bolívar. Muchos de sus poemas crean el mito bolivariano que, incluso, en algunos casos, se enaltece hasta el grado de ser considerado un personaje literario de características divinas.

Así mismo, José Fernández Madrid, Luis Vargas Tejada, José Joaquín Ortiz, José Eusebio Caro, Rafael Pombo, Gregorio Gutiérrez González, José Asunción Silva, Guillermo Valencia, entre otros, fomentaron este estilo criticando o enalteciendo la imagen de Bolívar y de otros próceres colombianos. Pero no dejaron de lado sus propios temas, desarrollados a partir del romanticismo, modernismo y neoclasicismo.

La imprenta en el siglo XIX


El uso de la imprenta fomenta la publicación de estas obras. Es conveniente señalar que en cada región existía un taller de imprenta el cual era el encargado de la publicación de estas obras, pero solo se publicaba aquello que resultaba ser del interés del dueño de la imprenta, que en muchos casos era el profesor del pueblo, un comerciante adinerado o un grupo de personas con un interés político, comercial o cultural. En cada región del país, hubo un taller de imprentas utilizado para la impresión de libros para la escuela, cartillas educativas para las mujeres y los niños y la distribución de novelas por entregas, que en ese momento, era el entretenimiento de las personas, especialmente, de mujeres jóvenes.

Segundo periodo de la literatura del siglo XIX


Hay que entender primero que este tema he tratado de resumirlo para mis estudiantes lo más posible, porque existió una cultura literaria a partir de los periódicos y por tanto es complicado hablar en un solo párrafo de este tema. La primera mitad del siglo estuvo dominada por la lírica, el periodismo y la crónica. En la segunda mitad, la narrativa, especialmente la novela, dominó todo el periodo. De esta forma se conocen los nombres de Eugenio Díaz, Jorge Isaacs, Vargas Vila, Luis Segundo de Silvestre, entre otros. Todos ellos fueron autores que publicaron en periódicos y en los talleres de imprenta de forma individual. Pero fueron los periódicos los que distribuyeron las novelas mediante la publicación de capítulos en cada entrega, es así que una novela pudo haber sido terminada de publicar luego de dos años de iniciada.
El uso de la imprenta fomentó también la creación de cartillas y manuales educativos dirigidos especialmente a las mujeres y a mantener el honor y el decoro en la sociedad. Hubo una enorme propagación de estas cartillas. Eufemia o la mujer verdaderamente instruida fue uno de los libros que se distribuyeron en todas las regiones, como un manual educativo.

En cuanto a lo literario, hubo novelas que se editaron varias veces, traspasando incluso las fronteras. María es la novela representativa de Colombia en el siglo XIX a nivel internacional. Fue editada y distribuida por los países latinoamericanos. Gozó y goza aún de enorme prestigio. Le siguen Manuela, que se edito y se publicó inicialmente en el Mosaico, un periódico literario, que se distribuía en gran parte del país. El periódico motivó la suscripción de muchos lectores que la conocieron a partir de varias entregas que se hicieron. El éxito fue nacional.